Ataque de ansiedad: cuáles son los síntomas y qué hacer

Los síntomas de los ataques de ansiedad son muy claros: sientes que el pecho se oprime, el aire no entra y el corazón late a una velocidad aterradora. En cuestión de segundos, una ola incontrolable de miedo lo inunda todo.  

Quien ha vivido una crisis de ansiedad conoce de cerca ese pánico a perder el control o la sensación inminente de estar sufriendo un infarto.

En nuestra consulta de Equipo Actúa nos encontramos a menudo con este miedo. Lo primero que queremos transmitirte es algo fundamental: por muy aterradora que resulte la experiencia, un ataque de ansiedad no es peligroso para tu vida. Tu cuerpo no está fallando; simplemente se ha activado una falsa alarma.

 

 

¿Por qué el cuerpo reacciona así?

 

Durante una crisis, el sistema nervioso simpático se activa de golpe. El cerebro interpreta que hay una amenaza extrema y libera adrenalina y cortisol para prepararte ante una emergencia. El problema es que esa amenaza casi nunca es un peligro físico real, sino un cúmulo de estrés retenido, sobrecarga emocional o un pensamiento intrusivo.

Esa descarga de hormonas provoca una reacción en cadena:

  • Taquicardia y presión en el pecho:El corazón bombea a máxima potencia para enviar sangre a los músculos principales.
  • Hiperventilación y mareo:Al respirar rápido y superficialmente, alteras el nivel de dióxido de carbono en sangre. De ahí surgen el ahogo, la visión borrosa y el hormigueo en manos o labios.
  • Temblores y sudoración fría:La respuesta directa al pico de adrenalina en el torrente sanguíneo.
  • Sensación de irrealidad (despersonalización):Sentir que te separas de tu cuerpo o que lo que te rodea no es real es un mecanismo de defensa del cerebro para distanciarte de un malestar intenso.
  • Pensamientos catastróficos:Miedo a perder la razón o a morir en ese instante.

 

Qué hacer en pleno pico de ansiedad

Racionalizar la situación mientras la alarma está encendida es muy difícil. Por eso, el trabajo en pleno pico debe enfocarse en dar señales físicas de seguridad a tu sistema nervioso:

  • Deja de luchar contra el síntoma.Resistirte al miedo genera más adrenalina. Recuérdate: «Es desagradable, pero pasará y estoy a salvo». El pico máximo suele descender de forma natural tras 10 o 15 minutos.
  • Alarga la exhalación.No intentes tomar grandes bocanadas de aire. Vacía los pulmones y vuelve a inhalar en 3 segundos para expulsar el aire lentamente en 6 u 8 segundos. Exhalar despacio activa el sistema parasimpático, encargado de frenar las pulsaciones.
  • Anclaje al presente (Grounding).Saca a la mente del bucle buscando a tu alrededor: 5 cosas que veas, 4 que puedas tocar, 3 sonidos, 2 olores y 1 sabor.
  • Busca un apoyo firme.Apoya la espalda en una pared o pon las plantas de los pies bien planas sobre el suelo para recuperar la noción de estabilidad.

 

El día después y la búsqueda de causas

Cuando el ataque remite, es completamente normal sentir un cansancio profundo. El cuerpo acaba de realizar un esfuerzo equivalente a una maratón. Permítete descansar y evita juzgarte por lo sucedido.

Tener un episodio aislado no significa desarrollar un trastorno, pero cuando las crisis se repiten o aparece la angustia anticipatoria (el miedo a volver a pasarlo mal), el cuerpo está avisando de que hay tensiones acumuladas que necesitas revisar.

En Equipo Actúa te ayudamos a mirar más allá del síntoma físico para entender qué está causando esa sobrecarga. Si buscas el acompañamiento de un psicólogo Chamartín , en nuestro centro encontrarás un espacio seguro para aprender a regular tus emociones y recuperar la tranquilidad.

Dudas frecuentes

¿Un ataque de ansiedad puede provocarme un infarto?

No. Aunque la opresión en el pecho y las taquicardias resulten muy alarmantes, la ansiedad es una reacción defensiva del organismo y no causa daños cardíacos ni es peligrosa para la vida.

El pico de intensidad máxima dura entre 10 y 15 minutos. A partir de ese momento, los niveles de adrenalina descienden de forma natural y el cuerpo comienza a relajarse.

Sí. El contacto con agua fría en el rostro o el cuello activa el reflejo de inmersión, un mecanismo biológico que reduce las pulsaciones del corazón de forma rápida.

Conviene acudir a terapia cuando las crisis se repiten, cuando aparece el «miedo a tener miedo» o si empiezas a evitar lugares o situaciones por temor a sufrir un ataque.