Síntomas físicos de ansiedad generalizada

Cuando pensamos en la ansiedad, lo primero que nos viene a la cabeza suelen ser los pensamientos catastrofistas, la preocupación constante por el futuro o esa sensación de nerviosismo que no se apaga. Sin embargo, quienes conviven con el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) saben perfectamente que la ansiedad no solo se piensa: la ansiedad se siente, y mucho, en el cuerpo.
A menudo, las personas acuden a Equipo Actúa tras un largo peregrinaje por médicos de cabecera, cardiólogos o digestivos. Llegan asustadas, cansadas y con una carpeta llena de analíticas perfectas que dicen que «no tienen nada». Pero el dolor es real. Lo que ocurre es que el origen no es una disfunción orgánica, sino un sistema nervioso que anda un poco revuelto.

¿Por qué la ansiedad genera síntomas físicos tan intensos?

Para entender el impacto físico de la ansiedad, debemos viajar a nuestros orígenes como especie. Ante un peligro —como un depredador—, el cerebro activa el sistema nervioso simpático, liberando hormonas como el cortisol y la adrenalina. Esto prepara al cuerpo para dos opciones: luchar o huir. El ritmo cardíaco se acelera para enviar sangre a los músculos, la respiración se vuelve superficial para oxigenarnos rápido y la digestión se detiene porque digerir no es prioritario si tienes que salvar la vida. El problema en el Trastorno de Ansiedad Generalizada es que el «depredador» no es un animal, sino una preocupación constante por el trabajo, la salud, la familia o la incertidumbre del día a día. Al no haber un peligro real del que huir, esa energía y esa tensión no se liberan. El cuerpo permanece en un estado de alerta roja crónico, desgastando los tejidos y manifestándose a través de una amplia variedad de síntomas físicos.

Los síntomas físicos más comunes de la ansiedad generalizada

La ansiedad puede manifestarse de formas muy distintas en cada persona. Estos son los síntomas más comunes que más vemos en consulta: Tensión muscular y dolor crónico: Es la consecuencia directa de estar siempre «en guardia». Los hombros levantados, la mandíbula apretada (bruxismo) y la postura rígida acaban pasando factura. Es muy común sufrir dolores de espalda, contracturas cervicales, cefaleas tensionales (un dolor opresivo alrededor de la cabeza) y sensación de fatiga muscular, como si hubieras corrido una maratón sin moverte de la cama. Alteraciones gastrointestinales: El sistema digestivo y el cerebro están conectados de forma íntima por millones de neuronas (el llamado «segundo cerebro»). Cuando la ansiedad se cronifica, es habitual experimentar digestiones pesadas, reflujo, náuseas, hinchazón abdominal y cambios drásticos en el tránsito intestinal, algo estrechamente vinculado al Síndrome del Intestino Irritable. Síntomas cardiovasculares y respiratorios: Sentir que el corazón da un vuelco (extrasístoles), notar palpitaciones o percibir una opresión en el pecho son algunos de los síntomas que más asustan. Además, la respiración tiende a volverse muy superficial e hipoventilada, lo que genera una molesta sensación de falta de aire o la necesidad constante de suspirar para llenar los pulmones. Agotamiento y problemas de sueño: Paradójicamente, estar en alerta constante consume una cantidad ingente de energía, dejando a la persona en un estado de fatiga crónica. Sin embargo, al irse a la cama, el cerebro sigue buscando amenazas, lo que dificulta conciliar el sueño o provoca despertares nocturnos con una desagradable sensación de sobresalto.

En Equipo Actúa te ayudamos en el camino

Aceptar que lo que le ocurre a tu cuerpo nace en tu mente no significa «inventarse» los síntomas. El dolor, el mareo y el cansancio están ahí. Pero la buena noticia es que, al comprender su origen, dejas de luchar contra las consecuencias (el síntoma físico) y empiezas a trabajar en la raíz (la gestión de la ansiedad). Si sientes que tu cuerpo te está enviando señales de que la situación te supera, no tienes por qué transitar este camino a solas. Si estás buscando psicólogo en Chamartín; en Equipo Actúa te acompañamos a entender el lenguaje de tu cuerpo y a devolverle el equilibrio y la calma que necesitas.

Dudas frecuentes

¿Es peligroso el dolor en el pecho por ansiedad?

El dolor en el pecho por ansiedad no es peligroso ni daña el corazón. Se debe a la tensión de los músculos intercostales (los que rodean las costillas) provocada por la hiperventilación y el estrés. No obstante, si es la primera vez que lo experimentas, siempre es recomendable una valoración médica previa para descartar cualquier causa orgánica y ganar tranquilidad.

Aunque tus analíticas estén bien sientes mareos o inestabilidad porque, cuando estamos ansiosos, modificamos inconscientemente la forma de respirar, introduciendo más oxígeno del que necesitamos (hiperventilación). Esto altera sutilmente los niveles de dióxido de carbono en sangre, provocando sensaciones de mareo, inestabilidad «como si caminaras sobre algodones» o visión borrosa.

Los síntomas físicos desaparecen completamente al tratar la ansiedad. Estos síntomas son el termómetro de tu nivel de activación interna. A medida que aprendes a gestionar las preocupaciones, a regular tu sistema nervioso mediante terapia y a flexibilizar tus patrones de pensamiento, el cuerpo recibe la señal de que ya está a salvo y la sintomatología física disminuye de forma drástica hasta desaparecer.

Esta molestia de tener la sensación de un “nudo en la garganta” que dificulta tragar se conoce médicamente como globo histérico. Ante una situación de alerta, el cuerpo tensa los músculos de la garganta y la laringe para prepararse, por ejemplo, para gritar o respirar más rápido. Esa tensión muscular acumulada da la sensación de tener algo atascado o un «nudo» al tragar saliva, aunque la comida pasa perfectamente. Desaparece en cuanto el cuerpo se relaja.